Mi Camino de Santiago [Etapa 2]: De Villafranca a La Laguna

Me levanté temprano antes que sonase la alarma de mi teléfono móvil, el resto de mis compañeros descansaban en sus literas plácidamente (suposición propia al oír los ronquidos de todos ellos) y yo me disponía a empezar el día, descubrí lo complejo que es desmontar y volver a montar la mochila a oscuras con la ayuda de una linterna y fue un acto que se tornó reflejo y que me acompañó hasta el final de mis días en esta aventura, cogiendo cada vez más soltura.

Una vez con la mochila en orden y aseada nos dirigimos mi compigrino y yo a desayunar al albergue de Unai y Livia, no sin antes tener una muy agradable charla con el padre de María, el dueño del albergue, que me contaba que ese albergue había sido anteriormente una bodega que habían reformado para su uso como hospedaje tan sólo un par de meses atrás y algunas otras historias de Villafranca, una ciudad señorial, capital del Bierzo.

Caminando hacia el albergue La Piedra divisé el cielo oscuro, furioso y entoldado, pienso que va a llover en breves y ese pensamiento me asusta en cierta medida ya que la etapa de hoy es la etapa reina por antonomasia ya que hay que subir hasta O Cebreiro y además del desnivel es de una prolongación importante, 7,5 km de subida ininterrumpida, y pensar en hacerlo sobre mojado asusta un poco cuanto menos.

Ya en el albergue desayunamos con los hospitaleros y hablamos de varias rutas chulas que hay por la zona del Bierzo, les enseño fotografías de las cascadas de las Fuentes Medicinales en Noceda y el precioso Lago Somido con sus nenúfares blancos inmaculados en las imponentes Médulas. Después decidí coger el poncho ya que lo había dejado entre las pertenencias "innecesarias" porque pesaba mucho, 700 grs. y pensé que podría comprar otro más ligero por el camino pero ante esa amenaza inminente de tormenta volvió a mi mochila. Lara, que ha pasado allí la noche, se une a nosotros en el desayuno y sale rápidamente para iniciar la caminata.

Así que tras la hora y media de charla dejamos atrás la preciosa ciudad de Villafranca, caminando por el arcén de la carretera y es ahí cuando el cielo empezó a soltar agua, primero una lluvia ligera para terminar en una tormenta importante con rayos y centellas incluídos. Nos cobijamos bajo unos viaductos y colocamos nuestros ponchos ¡hay que ver lo complejo que es taparse la mochila con él uno mismo!

Proseguimos nuestra caminata por el arcén de la carretera pasando por varios viaductos más en los que aprovechamos a hacer paradas por la inminente tormenta que iba in crescendo y avanzábamos cada vez más hacia nuestra meta de hoy, el alto de O Cebreiro. Los primeros 7 km son bastante pesados, bromeamos con que en la guía del camino decían que la subida eran los últimos kilómetros y es que no hemos parado de subir, por el momento tramos de mucha carretera y lluvia que nos hace ir muy lentos. Pasado Pereje donde nos reencontramos con Lara, en dirección Trabadelo empiezan las vistas más bonitas, esta vez por sendero cruzando bosques de castaños que están en pleno esplendor dadas las fechas en las que estamos.

Ya en Trabadelo seguimos un largo trecho por asfalto, el cansancio empieza a hacerse patente y es que pese a llevar únicamente 10 km la falta de descanso de esta noche pasado por agua es un factor influyente. Paramos en el área de descanso, en la que llenamos nuestras cantimploras y le damos al cuerpo un incentivo, un mix de frutos secos para reponer energías. Hablamos distendidamente y saludamos con efusivos "buen camino" a otros peregrinos, que nos responden con el mismo saludo.

Seguimos por el arcén de la carretera, la lluvia no cesa pero nos da un respiro aflojando levemente a ratos, hasta llegar a La Portela de Valcarce y tras visitar la primera iglesia del día, la de San Juan Bautista, estampan el primer sello de la jornada en mi credencial. Esta iglesia data de los siglos XVII y XVIII y su estilo es barroco popular, se encuentra situada bajo el nivel de carretera y está construída en una sola planta.


Al entrar sorprende su retablo con una figura central de San Juan Bautista iluminado por decenas de velas a su alrededor.


Retomamos la caminata esta vez hacia Ambasmestas, divisando su preciosa Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, que al estar cerrada no pude visitar pero me contenté admirando sus muros de piedra y su hermosa espadaña de estilo barroco.


Descansamos frente a ella, en unos bancos que hay delante de las fachadas de unas casas, reviso mi calzado y que mis pies estén libres de ampollas ya que noto algunas molestias y viendo que todo está en orden, después de unos minutos, me dispongo a continuar andando junto a mis compañeros de viaje Lara y Juan.

Empezamos a subir poco a poco dirección Ruitelán, por asfalto y nos despedimos de Lara que pasará en un albergue de esta localidad la noche puesto que tiene las rodillas algo tocadas de la bajada desde Foncebadón y no quiere arriesgar a hacer el resto de subida.


Tomamos aire y seguimos caminando, paso a paso, parece que el tiempo nos da tregua y para de llover así que me vengo muy arriba y sigo andando, sin prisa pero sin pausa, el cansancio cada vez se nota más, a la par que la subida va recrudeciéndose cada vez más y más hasta pasar el puente de piedra que cruza el río y llegar a Las Herrerías.

El paisaje cambia ligeramente, tornándose más verde, con prados más extensos y vacas, muchas vacas pastando en ellos libremente. Nos adentramos en breves en Galicia.


Es en la altura de Hospital cuando me encuentro con unos preciosos caballos blancos que están en un campo, confinados, para que algunos "peregrinos" hagan el camino montados a sus lomos y no puedo evitar sentir una profunda lástima por ellos, los que me conocen saben que soy muy sentida con el tema de los animales, su maltrato y el tema de la igualdad animal.

Paso unos minutos fotografiándolos, admirando su belleza y acariciando al más simpático de todos ellos (el que aparece en la foto) que se acercó a mí y me permitió tocarlo un rato; y es que los animales perciben el cariño y la confianza de las personas, son puro amor ♥


Atravesamos el pueblo y llegamos a un punto en el que por sendero empieza una subida bastante cruda, el terreno, con bastantes piedras sueltas y con desnivel importante que hace que mis cuádriceps se tensen a cada paso y tenga que cambiar de estrategia: bajar el ritmo y alargar pasos, asegurando bien donde poner los pies y ayudándome con el bastón que da impulso y quita un poco de carga de las piernas.


En medio de este repecho hay una especie de zona de descanso hippie, con un toldo para resguardar a los peregrinos de las inclemencias del tiempo, unos troncos cortados que sirven de asientos y una mesa en la que hay tablillas de madera y piedras decoradas con frases y dibujos.


Después de alrededor de un km y medio de subida, sorteo el arroyo de Refoxo y llego a La Faba y la pendiente se suaviza ligeramente, dándome un bienvenido respiro después de la exigente subida anterior. Decido visitar la Iglesia de San Andrés, que se encuentra ubicada al lado del albergue de peregrinos. Descanso unos minutos y continúo hasta el último pueblo de León ya que en el siguiente entraré en Galicia.


2,5 km más por senda en buen estado pero sin dejar en ningún momento de ascender, y llego a Laguna de Castilla y es aquí donde me hospedo, hemos decidido mi compañero y yo dejar el último tramo de subida para mañana, a primera hora, con el cuerpo descansado se sube de otra manera y hoy ya es mucha fatiga la que hay en el cuerpo, por lo que buscamos el albergue La Escuela, que es el único de este pueblito y conozco a mis compañeros de habitación, Núria y su padre que son de Bembibre y empezaron dos días antes que yo desde Astorga. Me cuentan que hacen el Camino por una promesa de Núria y que es la segunda vez de ambos. También nos enteramos que han llegado unos muchachos sobre las 9 de la noche al albergue y que al no haber plaza han de seguir caminando al siguiente, pobres, en La Laguna sólo está este albergue y el próximo es en O Cebreiro y al ser público tampoco queda plaza, vaya faena tener que seguir andando de noche, con plena tormenta y con tantos kilómetros en los pies.

Después de la ducha bajamos al restaurante y nos metemos entre pecho y espalda un buen plato de spaguetti con super extra de queso, y es que qué bien sientan los hidratos después de una dura jornada de caminata.

Me acuesto mirando cómo caen las gotas de lluvia, furiosas, sobre el cristal de la ventana de la habitación abuhardillada, escuchando el sonido del agua y de los relámpagos, y, sin darme cuenta, caigo en un profundo y placentero sueño, pensando que mañana entraré por fin en Galicia y dejaré atrás O Cebreiro, la etapa que tanto pavor despertaba en mí y que hasta el momento no he visto tan dura como me decían.

8 comentarios:

  1. Iba siguiendo tu ruta por instagram y me quedo flipada porque me encanta el senderismo y no puedo practicarlo siempre que quiero ademàs que no a todo mi entorno le gusta (por no decir a casi nadie). Ha debido ser una experiencia preciosa!

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    1. A mí también me encanta y suelo hacerlo sola, porque me pasa lo que a ti, que en mi círculo tampoco lo practica mucha gente y yendo sola además cuentas con la ventaja de ir a tus horarios, a tu bola...
      Así que te animo a hacerlo cuando puedas, que aunque partas sola nunca estás solo allí, hay bastante gente en el Camino, sobretodo desde Sarria hasta Santiago, esos últimos 114 km.

      Besos.

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  2. me entran unas ganas de hacer el Camino...

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  3. Seguiremos leyendo esta maravillosa crónica mientras alimento mis ganas de hacer ese camino.
    Por aquí otra sentida con el tema animales y hubiese hecho lo mismo que tú, pasar un rato con ellos y acariciarlos.
    Un beso.

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    1. Cuando llegue tu momento de hacerlo te encantará, es sin duda una experiencia más que maravillosa, besazos guapa.

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  4. El extra de queso que no falte! Sabes, en alguna ocasión he dado cobijo a peregrinas que no tenían plaza en el albergue ;) las subidas serán duras pero aún tienen un pase, no me quiero imaginar las bajadas. Publica la tercera etapa pronto porfa!!!!

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    1. Que no falte nunca jajaja, pues no lo sabía y eso dice mucho de ti ♥ aunque ya sabía que eres un cachito de pan!!!!

      Tienes toda la razón, las bajadas son de aúpa, porque es donde sufren más las rodillas y hay que tener cuidado porque pueden lastimarse por largo tiempo (he conocido gente que han quedado tocados para siempre)l Besines, la tercera etapa muy pronto.

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